Joselo y Josete

miércoles, diciembre 01, 2004

Capítulo #4: ¡La cara de Marte!

Joselo: ¿¿¿Ir al camarín a esta hora??? ¿¿Y con este frío?? ¿Y a qué camarín?

Josete: Al Tabarís, boludo, al Tabarís...

Joselo: ¿Estás vestido para el éxito? Porque el éxito nunca llega...

Josete: No sé de qué me hablás...

Joselo: Contame la historia del tipo ese de la cara de marte que me contaste en el zoológico el otoño pasado.

Josete: Bueno. Cuando Tobías Owen descubrió la cara de Marte en la imagen 35A72 de la Viking, reaccionó de una manera totalmente natural: "dios mio, parece una cara!". La imágen produce típicamente esta respuesta: una reacción instintiva y espontánea de reconocimiento. Pero, ¿es realmente lo que parece? ¿O se trata de una ilusión producida por la luz y las sombras? Durante los últimos veinte años, algunas personas muy inteligentes y cualificadas han dedicado una considerable cantidad de tiempo a tratar de responder estas preguntas...

Joselo: ¿Cómo era lo de los píxeles?

Josete: Vincent Di Pietro, el primer científico que se tomó en serio la cara (y el hombre que la "redescubrió" en los archivos del gran centro Goddard, en 1979), es ingeniero especializado en electrónica digital y procesamiento de imágenes. Compartió el descubrimiento con el informático Gregory Molenaar, de la empresa Lockheed, quien a la sazón trabajaba en la NASA en virtud de un contrato con la Corporación de Ciencias Informáticas (Computer Sciences Corporation), y que poseía una experiencia similar en análisis de imágenes por ordenador. Considerando todo el proceso como una "aventura", ambos emprendieron un proyecto clandestino para realzar la imágen de la cara y reexaminar las cintas de datos originales de la Viking en busca de otros objetos anómalos en la superficie marciana. En la imágen original, la cara ocupa un área de sólo 64x64 píxeles, y cada píxel representa un área de 45,7x47,2 metros. Cualquier objeto menor que esa medida no queda registrado. Sin embargo, los píxeles están codificados junto con una serie de indicaciones que permiten a los ordenadores reconstruir lo que hay allí. Dado que la cámara orbital era de baja resolución, hubo de calcular un promedio del tono de cada una de las áreas de 45,7x47,2 metros para reestablecer el valor del píxel que la representaría. Partiendo de los valores "blanco=0" y "negro=256", asignó a las áreas más claras un valor numérico bajo, y a las más oscuras, uno alto. A continuación, el módulo orbital pudo transmitir las imágenes a la tierra como una secuencia de números que, a su vez, se pudieron imprimir como fotografías en blanco y negro formadas por píxeles de distintos niveles de gris. La labor de realce de imágenes realizada por DiPietro y Molenaar era un intento de obtener, para cada píxel, una información detallada de lo que se ocultaba tras su valor de tono "promedio" en la escala del 0 al 256. Esto se podía llevar a cabo comparando cada píxel con los píxeles colindantes. Pr ejemplo, si un píxel era gris claro, y el de su derecha más oscuro, era probable que estos tres tonos en realidad representaran una transposición gradual del claro al oscuro, y no una diferencia de tonos neta y escalonada, de izquierda a derecha. Utilizando este planteamiento, teóricamente se podía forzar la obtención de un mayor detalle en las granulosas imágenes de la Viking.

Joselo: No, de lo de los píxeles no era... ¿Puede ser de algo de un artista?

Josete: Ah, si, ... Al principio de su investigación, el científico Richard Hoagland propuso que varios artistas evaluaran los rasgos y las proporciones de la cara. Su razonamiento era que, si estos últimos coincidían con los criterios artísticos, ello constituría un nuevo indicador del carácter artificial de aquella. Jim Channon, artista, diseñador e ilustrador, aceptó el reto. Channon se concentró en las proporciones, la estructura de soporte y la expresión. Sus conclusiones fueron las siguientes: "No encontré ningún rasgo facial que pareciera transgredir las convenciones clásicas. La plataforma de soporte presenta también su propio conjunto de proporciones clásicas... Si no estuviera la cara, veríamos cuatro grupos de líneas paralelas que circunscriben cuatro zonas inclinadas de igual tamaño. El hecho de que éstas tengan lados proporcionales que forman ángulos rectos crea un rectángulogeométricosimétrico. Esta estructura de soporte, por sí sola, da la impresión de ser una obra de arquitectura conscientemente diseñada. La expresión de la cara de Marte refleja fuerza y permanencia, otras características similares en esta línea de reverencia y respeto. Existen abrumadoras evidencias de que la estructura que aparece en las fotografías que me presentó Dick Hoagland es un monumento creado conscientemente, semejante a los monumentos arqueológicos que nos legaron nuestros antepasados. En este sentido, personalmente necesitaría evidencias mucho más precisas para probar lo contrario". Todo eso dijo el tipo.

Joselo: ¿Y vos qué pensás?

Josete: ¿Del tipo?

Joselo: De la Cara.

Josete: ¿De la cara del tipo?

Joselo: ¡¡¡De la cara de Marte, pelotudo!!!

Josete: Mirá, yo siempre cuento una historia... Tras la revuelta árabe de 1917, Lawrence de Arabia les presentó a los líderes de la rebelión sus propios retratos. Para su sorpresa, no fueron capaces de decir qué era lo que se suponía que representaban. Uno de ellos señaló con indesición la imagen de su propia nariz, y preguntó "¿Es un camello?". Los árabes no eran ni ingenuos ni ignorantes. Simplemente carecían de las referencias culturales específicamente europeas de la época, que les habrían enseñado qué debían buscar. Lo único que veían eran unos lienzos lisos y cuadrados, con áreas cubiertas de pintura de diversos colores. Al principio eran incapaces de interpretar aquellas zonas pigmentadas como representaciones de objetos tridimensionales. En cierto modo, ellos veían la realidad, y somos nosotros quienes vemos una ilusión. Lo que los árabes veían era lo que realmente había: ignoraban que un cuadro es un signo visual. Nosotros, sin embargo, habríamos visto un rostro, pero en verdad, allí no había ninguno, sino sólo pigmento. Imaginate ahora que el módulo orbital del la Viking 1 que fotografió Cydonia, en lugar de ser una misión no tripulada, hubiera llevado a unos personajes equivalentes -en versión 1976- a T. E. Lawrence y uno de sus aliados árabes. A unos 1.800 kilómetros sobre la superficie del planeta rojo, y armados con un potente telescopio, nuestros dos protagonistas sobrevuelan la cara y hablan de ella. Lawrence se vuelve hacia su colega y le dice "¡Eh! ¡Uh! ¡Fijate esa cara!". Pero ¿qué responde el árabe?. Bueno Joselo, ésta es precisamente la cuestión que constituye la médula de la hipótesis del Origen Artificial de Cydonia. ¿Es la cara simplemente una ilusión, como las imágenes de Rorschach, en la que Lawrence proyecta unas cualidades que en rigor no le pertenecen, y que el árabe "sólo" puede ver como un patrón bidimensional de diferentes valores tonales? ¿O bien es auténticamente un objeto esculpido (por medios artificiales o naturales, tan naturales como los medios de un marciano pudiesen ser) y en consecuencia también éste la ve? ¿Responderá el árabe "¿¿¿Qué cara, Lawrence de Arabia???" o lanzará una exclamación de sorpresa al ver aquel rostro polvoriento que le mira fijamente?...

Joselo: ...

Josete: ...

Joselo: ¿Cómo hago para pagar un impuesto vencido? Me van a cortar el gas...